Como experto en Ristología me veo en la dura obligación de analizar fríamente y con un desprecio imprudente y poco periodístico el vídeo que publicó ayer Laura Escanes en su canal de YouTube, el vídeo oficial de la boda entre ella y su (ahora) marido, Risto Mejide.

La verdad es que ya no nos sorprenden las palabras supuestamente profundas que espeta Risto al inicio del metraje; tampoco la odiosa tipografía que emana ínfulas de esa modernidad impostada que también vemos plasmada en mediocres anuncios de cerveza; el emplazamiento idílico también nos encaja perfectamente en esta ecuación, así como las tarjetas de visita o el neón que cuelga con el hashtag #toelrrato. Hasta aquí todo tiene sentido.

Ni mucho menos nos sorprende la indumentaria de Laura o de Risto (reconvertida en trucos de marketing), como tampoco la de todos esos invitados (famosos o no; de la tele o no; de YouTube o no) que deambulan perdidos por el convite. Ahí están también esos momentos donde los novios comparten besos, abrazos, sonrisas y poses edulcoradas mientras posan en varios rincones maravillosos de la finca. Momentos preparados específicamente para el álbum de fotos nupciales que los novios repasarán juntos e ilusionados días después de la boda y tristes y melancólicos días después del divorcio.

No nos resulta chocante ese escenario montado especialmente para el evento por una empresa de alquiler de material audiovisual —con el Shure SM48, ideal para interpretaciones vocales—. No sorprende que inviten a grupos de música "rollo Coldplay o Arcade Fire" a tocar. No sorprende que un par de sus amigos intenten hacer de DJs ni que hagan esos bailes excesivos en ese momento de la noche en el que solamente se puede pinchar pachangueo.

Es normal que en la boda entre Risto y Laura los invitados finjan que se conocen y hablen de nimiedades y que, eventualmente, hagan eso de levantar el pañuelo. Tampoco sorprende el notas que decide vestirse con un traje de color llamativo y que lleva esas gafas "de aviador" tintado con tonalidades horrorosas.

No sorprende la habitación destinada al maquillaje y al acicalamiento general de los rostros y cabezas. El novio nervioso y solitario en su habitación, colocándose los gemelos de la camisa, tampoco nos resulta chocante ni especial. Las pinzas sujetando los nombres de la gente con el número que ocuparán en la mesa. No, eso tampoco nos sorprende.

La cubertería y todos los detalles para los comensales tampoco brillan por su genialidad, como tampoco lo hacen las amigas de "toda la vida" de la novia: esas personas que durante el día se encuentran totalmente desplazadas a nivel social pero que cuando llega la noche (y el alcohol) cobran protagonismo y generan cuadros de auténtica vergüenza ajena. La niña acompañando a la novia, la suegra mal vestida, el violoncelista, los discursos intensos de la gente que se cree sentimental y los discursos graciosos de la gente que se cree graciosa. Todo esto no nos resulta especialmente revelador.

También está el grupo de música que toca por la tarde y que sucumbe a esa estética hipster totalmente caricaturesca para que la gente comente "es que los novios son unos modernos". Los tipos barbudos y tatuados que preparan cócteles juegan a la misma liga estética que los músicos. Los gin tonics se alzan.

¿Sabéis esas letras que algunos novios talla en madera con las iniciales de sus nombres¿ Pues aquí están. También. También está esa sensación general de que "se podría haber hecho lo mismo por mucho menos dinero". Eso también está.

De la boda de estas dos personas no nos sorprende nada porque es algo que ya hemos visto decenas de veces. Todo el mundo hace lo mismo. Esta boda no ha tenido nada de especial, es una boda horrible como todas las bodas que se ejecutan cada día. Como todas las bodas de nuestros familiares o amigos. Bodas de catálogo. Es por esto que, por sorprendente que parezca, la boda de Escanes y Risto es nuestra boda. No es especialmente glamurosa, no es especialmente bella, no es especialmente divertida. Es normal, o sea, terrible. Una pérdida de dinero total. Risto y Escanes son el pueblo. Risto y Escanes son todos nosotros. Por mucho que nos moleste. Por mucho que les moleste a ellos.

Vía vice | Ver post original